Etiqueta: fe

  • Viviendo en Gratitud

    Amiga del blog ¿hay un sueño en tu corazón por el que aún estás esperando?

    ¿Se lo has entregado a Dios?

    Hubo un tiempo en que soñar con este tipo de viajes parecía muy lejano. No por falta de ganas, sino por lo incierto del camino…
    Pero Dios, en su perfecta fidelidad, ha hecho florecer en nuestra vida cosas que alguna vez fueron solo susurros de esperanza.

    Hace unos meses, estaba planeando un viaje a California para el mes de julio. Quería llevar a mi hija a conocer los delfines, las ballenas y otros animales en el SeaWorld y el Zoológico de San Diego, así como volver al Acuario de Monterey y los hermosos paisajes de Santa Barbara.
    Tal vez parezca algo simple, solo un viaje más… pero para nosotras, no lo fue. Fue un anhelo cumplido por Dios.

    Durante nuestro recorrido por el sur de California, visitamos lugares donde la belleza de la creación me hablaba directamente al alma: paisajes llenos de vida, el mar azul profundo, playas de arena blanca, pueblos de película que parecían sacados de un sueño…
    Tantos momentos que han quedado grabados en mi corazón con tinta de gratitud.

    Este viaje no fue solo un paseo. Fue un viaje de conexión, de comunión con lo invisible, de confianza renovada… Fue ver cumplirse sueños atesorados por años.
    He sido testigo de que Dios cumple sus promesas.
    Me ha concedido los anhelos de mi corazón, tal como dice el Salmo 37:4:

    “Deléitate asimismo en Jehová, y Él te concederá las peticiones de tu corazón.

    Durante varios meses le oré a Dios por este viaje, y especialmente porque durante él, celebráramos el cumpleaños de mi hija. Ella también ha aprendido a agradecerle al Padre Celestial por todas sus bondades y su inmenso amor hacia nosotras.

    Dios es un Padre lleno de amor y bendiciones para sus hijos.
    Y como yo soy hija del Altísimo, Él cuida de mí… incluso de los anhelos más profundos de mi corazón.
    Quiero contarles que yo nunca antes había experimentado cosas como estas, hasta que comencé a confiar más en Él, a entregarle mi vida, mis sueños, mi camino, mi ser.
    Desde que decidí darle el primer lugar, todo ha cambiado. Los desafíos siguen existiendo, pero ahora camino acompañada. He visto cómo Dios ha ido transformando mi vida con un propósito más afinado a su plan. Aunque aún no lo comprendo todo, sé que Él sí lo entiende, y por eso sigo caminando con la mirada puesta en Dios, en Jesús, en el Espíritu Santo…
    Ellos guían mi vida y me ayudan a conectarme con lo divino. Y eso, lo agradezco con todo mi ser.

    Como las olas que llegan a la orilla sin cesar, así ha llegado su amor a mi vida: constante, profundo, perfecto.

    Por eso, hoy solo quiero decir:
    Gracias. Gracias, Dios, por tu amor y tu cuidado hacia mí y hacia mi hija.

    Y tú amiga (o) de esta comunidad … ¿hay un sueño en tu corazón por el que aún estás esperando?
    ¿Se lo has entregado a Dios?
    ¿Le has dado gracias hoy por todo lo que ya ha hecho?

    Te invito a tomarte un momento de silencio para mirar dentro de ti, para hablar con Él, y para agradecer con el alma abierta. Porque, a veces, solo se necesita eso: una oración en gratitud.

    “Jehová ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.” — Salmo 126:3

    Dios te bendiga 🤍
    Gracias por leer este blog.
    Gracias por ser parte de este camino.

  • Eres muy Amada por Dios

    Y tú… ¿Sientes que eres muy amada por Dios?

    ¿Le has entregado tu camino para que Él guíe tu vida hacia el plan de bien que tiene para ti?

    Escuché un mensaje de Billy Graham que caló en lo más profundo de mi corazón. Hablaba sobre el amor de Dios hacia las mujeres que Él elige para ser procesadas en los desiertos espirituales.

    En ese mensaje, Billy decía cosas que me impactaron hasta las simientes de mi espíritu. Afirmaba que las mujeres procesadas por Dios atravesarían soledad; serían apartadas de todo lo que conocen: familia, amigos, lugares cercanos… en fin, de todo lo que les daba un sentido de “seguridad” y “pertenencia” antes de ser apartadas. Decía que era necesario que esta mujer saliera del ruido de su vida cotidiana, para así poder aprender a escuchar la voz de Dios en medio del silencio del desierto que atraviesa.

    Cuando escuché ese mensaje, me sentí totalmente identificada. Precisamente ahí me he encontrado desde hace algún tiempo.

    El viaje de volver a mí nació desde el silencio, desde el desierto, desde la soledad que he tenido que atravesar para aprender a escuchar la voz que habla en lo invisible: la voz de DIOS.

    El mensaje decía también que Dios, a quien ama, lo disciplina, lo aparta, lo prueba, lo quebranta… para poder hacer con esa mujer una nueva obra. Como el alfarero que moldea una vasija hermosa del barro. Cuando Dios te rompe como a la vasija, no es para dejarte rota, sino para hacerte más hermosa, más fuerte, más valiosa.

    Entonces comprendí: yo soy muy amada por Dios, porque Él me está llevando al lugar donde quiere que esté. Aunque no entienda todo, aunque no vea con claridad el camino, sé que Él está haciendo la obra como el Alfarero.

    Cuando camino a las orillas del mar en Ventura, California, y contemplo la inmensidad de la creación de Dios, me lleno de una paz que no siempre viene de entender, sino de confiar. Aunque no todo esté claro, sé que debo creer que Dios ya ha trazado el mejor plan para mí. La Biblia dice: “Andamos por fe, no por vista”, y eso es precisamente lo que Dios quiere que hagamos: confiar, incluso en medio de la duda, de la niebla, del desafío.

    Suelta el control —es la declaración de Dios a mi alma—
    Camina por fe y no por vista, porque mi amor te sostiene, te guía, te llena de paz.

    Por eso me considero muy amada por Dios: porque Él sabe lo que es mejor, y hacia dónde quiere llevarme.

    Jeremías 29:11 nos recuerda:
    «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis.»

    Aunque tenga mil dudas, aunque no sepa el cómo, el cuándo o el dónde, sé que Dios sí lo sabe. Y con eso, me es suficiente. Me basta para seguir caminando en este viaje de la vida.

    Y tú… ¿Sientes que eres muy amada por Dios?
    ¿Le has entregado tu camino para que Él guíe tu vida hacia el plan de bien que tiene para ti?

    Espero que, como yo, sigas caminando en ese plan que Dios ha trazado para ti. Que su gran amor te envuelva, y que sepas —sin lugar a dudas— que tú también eres muy amada por Dios.

    Y como una vasija en sus manos, Él te llenará de amor, de sanidad, de bendiciones tan grandes que ni tú ni yo podríamos imaginar.

    Dios te bendiga 🤍
    Gracias por leer este blog.
    Gracias por ser parte de este camino.

  • Dependiento de Dios

    Y tú…
    ¿Estás dependiendo de Dios en medio de tus desafíos?

    ¿Has vivido momentos en los que la ansiedad te ha quitado la paz?

    ¿Te has sentido atrapada en un círculo de ansiedad?

    La vida nos muestra muchos colores y matices en cada etapa. Es una fuente constante de vivencias, desafíos, oportunidades, victorias y derrotas. Pero también es un espejo que, tarde o temprano, nos invita a mirar hacia adentro y preguntarnos con honestidad cómo estamos realmente.

    Hace poco, viendo un programa de historias reales, apareció la del cantante Farruko. Me llamó la atención y decidí escuchar su testimonio. Contó cómo, a pesar de tener fama, dinero y éxito en el mundo del reguetón, sentía un vacío profundo. Relató que un día sintió una presión en el pecho, como una voz interna que le susurraba que algo no estaba bien. Aunque tenía todo lo que el mundo considera valioso, él no era feliz. Decía que no tenía un propósito real. Y en medio de ese desasosiego, fue tocado por Dios. No explicó muchos detalles, pero sí compartió que algo se quebró en su interior, y que, desde entonces, nada volvió a ser igual.

    Me quedé pensando… y llegué a una conclusión: no importa cuán famoso o exitoso seas, todos necesitamos depender de Dios para encontrar verdadero sentido y descanso.

    Al principio de este post hice una pregunta: ¿Te has sentido atrapada en un círculo de ansiedad?
    Mi respuesta es sí.

    En enero del 2025, después de regresar a Arizona tras un viaje a Costa Rica, comencé a vivir días marcados por una ansiedad que se volvió asfixiante. Eran ataques intensos que nublaban mi mente. Lloraba sin razón aparente, sentía que el aire no me alcanzaba, y me invadía una sensación de abandono, tristeza y desesperanza. Todo lo que había construido, de pronto, me parecía vacío. Estaba siendo envuelta por sombras silenciosas que me impedían incluso respirar con paz. Me sentía frágil, como si algo se hubiese roto dentro de mí.

    En medio de esa tormenta, empecé a orar. Le supliqué a Dios que me ayudara porque ya no podía más. Y como si no bastara con lo que llevaba por dentro, ocurrieron dos eventos muy duros que intensificaron mi ansiedad:

    Primero, mi perrita Chloe fue atacada brutalmente por un perro American Stafford Terrier mientras la paseaba cerca de casa. Ella, tan dulce e inocente, terminó con heridas profundas en su cuello. Gracias a Dios, no fue fatal, pero sí muy traumático.

    Poco después, recibimos la noticia de que la abuela paterna de mi hija tenía una enfermedad terminal. Una mujer a la que yo quería mucho… y que falleció semanas después. Ese golpe fue devastador.

    Esos momentos me empujaron aún más al abismo. Me sentía rota. Pero fue en ese lugar, en lo más profundo del dolor, donde comencé a orar de verdad, desde lo más hondo de mi alma. Le dije a Dios:
    «Señor, no puedo más con estos ataques de ansiedad. Necesito tu ayuda, necesito tu intervención divina, porque no me sostengo por mí misma…»

    Y ahí, justo ahí, comenzó a gestarse un cambio. Dios empezó a moverse en el silencio de mi desierto personal. Como en el testimonio de Farruko, algo en mí se quebró, pero no fue destrucción: fue transformación. Me di cuenta de que la raíz de todo era que no estaba caminando dependiendo de Dios, sino de mis propias fuerzas.

    Poco a poco, mis ataques fueron disminuyendo. Mi corazón comenzó a sanar. Dios no solo me escuchó; me sostuvo.

    Hubo dos pasajes bíblicos que iluminaron ese momento:

    🕊 Proverbios 3:5-6:
    «Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas.»

    🕊 Filipenses 1:6:
    «Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.»

    Estas palabras fueron como agua en medio de mi sequía espiritual. Me recordaron que no estoy sola, que no necesito tener todo resuelto, que no tengo que controlarlo todo. Solo tengo que depender de Dios.

    Desde entonces, he comenzado a vivir de otra forma. Mi viaje espiritual continúa, sin mapa ni hoja de ruta, pero con una certeza: caminar dependiendo de Dios me hace más fuerte, más humana, más empática, más agradecida. Y aunque sigo sin tener todas las respuestas, tengo paz.
    Porque Él me guía, paso a paso, en este viaje de volver a mí.

    Y tú…
    ¿Estás dependiendo de Dios en medio de tus desafíos?
    ¿Has vivido momentos en los que la ansiedad te ha quitado la paz?

    Quizás hoy sea el día para hacer una pausa y preguntarte si necesitas invitar a Dios a caminar contigo.
    Estoy segura de que Él puede ayudarte a volver a ti también.

    Gracias por leerme.
    Gracias por ser parte de este viaje.
    Que Dios te bendiga 🤍

  • Amigas del alma

    ¿Alguna vez has tenido una amiga del alma?

    Hoy quiero hablar de esas mujeres que llegan como regalos divinos. Amigas que no se encuentran en cualquier lugar, pero cuando las encuentras, se vuelven tesoros invaluables.
    Son esas con quienes puedes reír a carcajadas, compartir sueños, secretos y hasta las confesiones más íntimas que quizás nunca dirías ni siquiera a alguien de tu familia.

    En los momentos más difíciles —cuando todo parece desmoronarse—, una palabra suya puede sostenernos. Y ahí están, apareciendo como ángeles en medio de la tormenta, con amor, con presencia, con consuelo.

    Durante más de 30 años he tenido la bendición de caminar con un grupo cercano de amigas que amo profundamente. Mujeres que han sido un pilar en mi vida. Hemos reído, llorado, cantado, bailado, celebrado nacimientos, atravesado pérdidas y mil historias más.
    Aunque a veces la vida nos ha llevado por distintos caminos, siempre hemos estado ahí —presentes, orando unas por otras, amándonos en la distancia, bendiciéndonos mutuamente.

    Las amigas del alma son ungüento para el corazón herido.
    Están para escucharte, darte aliento cuando el alma pesa…
    Y también para decirte verdades, para sacudirte con amor y recordarte que no estás sola, ni en tus errores ni en tus batallas.

    Hay un proberbio del Rey Salamon que me conmueve profundamente y confirma lo que siento:

    “Encontrar un amigo fiel es como dar con un tesoro o como hallar un refugio seguro.
    Un amigo fiel no tiene precio: su valor no se mide con dinero.
    Un amigo así nos salvará la vida.
    Si obedecemos a Dios hallaremos ese amigo, y sabremos reconocerlo porque él también obedece a Dios.”
    Eclesiástico 6:14-17

    y en la Palabra nos dice en Proverbios 17:22 lo siguiente:

    «El verdadero amigo siempre ama, y en tiempos de necesidad es como un hermano».

    Viviendo lejos de ellas —separadas por kilómetros, fronteras y horarios—, he aprendido a valorar aún más su presencia.
    Hoy, nuestras conversaciones ocurren por WhatsApp, por mensajes, correos, notas de voz…
    Pero están. Siempre están.

    Y en este camino, Dios también ha traído personas nuevas, mujeres que, aunque no conozco de años, han sido oasis en mis desiertos. Ellas también han traído consuelo, luz, palabras que sanan. Y también por ellas doy gracias.

    Hoy reconozco a mis amigas del alma.
    A las que están cerca del corazón, aunque lejos del cuerpo.
    A las que Dios usó para sostenerme en los días más duros y para celebrar conmigo en los más hermosos.

    Gracias por estar.
    Gracias por ser.
    Gracias por ser parte de este viaje de volver a mí.

    Porque sí, como dice la Escritura:
    “Un amigo fiel es un refugio seguro… un tesoro sin precio.”

    ¿Tú también tienes una amiga del alma? ¿Le has dicho últimamente cuánto significa para ti?

    Hoy podría ser un buen día para hacerlo.

    Y si tú, que estás leyendo, tienes al menos una amiga del alma, entonces también has sido bendecida por el cielo.

    Dios te bendiga 🤍
    Gracias por leer este blog.
    Gracias por ser parte de este camino.

  • Batallas mentales: cuando la guerra es invisible pero real.

    ¿Cuántas veces hemos tenido batallas campales en nuestra mente, donde los problemas que enfrentamos se magnifican y las dificultades se convierten en gigantes?

    Muchas veces me he hecho esta pregunta:
    ¿Por qué el miedo se ha apoderado de mí y me ha paralizado para actuar?

    Después de meditar en eso por mucho tiempo y pasar por muchas batallas mentales, me di cuenta de algo muy importante: yo estaba peleando las batallas de mi vida con mis propias fuerzas. Entonces entendí la raíz del problema: falta de Fe. No dejaba que Dios peleara por mí; era yo quien, con mis fuerzas limitadas, intentaba resolver los desafíos. ¿Y sabes cómo me fue? Pues… mal la mayoría de las veces. Otras, más o menos, pero siempre terminaba emocional, física y económicamente desgastada. No entendía que no era en mis fuerzas que debía pelear la batalla, sino dejando actuar al Dios Todopoderoso, el Dios Guerrero que siempre sabe la mejor dirección y estrategia para deshacer los nudos que nos agobian.

    La Palabra de Dios nos dice exactamente qué significa tener fe. Aquí te comparto este versículo que me marcó profundamente:

    “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1)

    Y más adelante, algo aún más revelador:

    “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” (Hebreos 11:6)

    Cuando entendí esta verdad, me di cuenta de que estaba totalmente perdida. No tenía fe, ni siquiera creía que algo así pudiera ser real para mí. Y fue entonces donde Dios tuvo que comenzar a romper mis fortalezas mentales para enseñarme lo que realmente significa la fe y cómo activarla.

    Había estado buscando lo que no se me había perdido. Muchos que me conocen lo veían claro, pero yo no. Lo que yo creía que era bueno y seguro… terminó no siéndolo.

    Todo cambió cuando comencé este viaje, mi propio desierto. No solo uno geográfico, sino uno espiritual. Aquí, en medio del silencio, enfrenté batallas mentales, cambié pensamientos, solté creencias arraigadas, rompí lealtades equivocadas, aprendí a agradecer más y a pedir menos. Fue un campo de batalla constante, donde muchas veces me sentí sola y abandonada… hasta que Dios actuó.

    Y me levantó.
    Desde la soledad.
    Desde lo secreto.
    Desde lo más profundo del alma.

    No ha sido solo una transformación interior, ha sido una metamorfosis completa, como la que viven las mariposas.

    A principios de este año, le dije a Dios:
    “Señor, por favor, ayúdame a transformar mi mente, porque ya no puedo con tanta carga.”
    Y ¿sabes qué ocurrió?
    Dios me escuchó. Y no solo me escuchó, sino que comenzó un proceso de sanación y cambio de mentalidad que me ha ido cambiando mi forma de ver la vida, las dificultades que enfrento desde otra perspectiva, con más ánimo, con valentía, con confianza en que Él va a actuar a mi favor, ha sido todo un cambio de esquema mental. También me dio un pasaje y una promesa que también es para ti:

    “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
    (Romanos 12:2)

    Desde ese cambio de mentalidad, esa palabra que calo en mi mente sobre la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta, mi camino también ha comenzado a cambiar. Y por eso decidí compartir este mensaje contigo. Porque todos enfrentamos batallas en la mente, pero cuando aprendemos a entregárselas a Dios, podemos vivir más victorias afirmadas en la fe, y menos derrotas causadas por nuestro intento de controlarlo todo.

    Gracias por estar aquí hoy.
    Gracias por leer este blog.
    Dios bendiga tu vida y te guíe en tu batalla. 🕊️