Etiqueta: espanol

  • Dependiento de Dios

    Y tú…
    ¿Estás dependiendo de Dios en medio de tus desafíos?

    ¿Has vivido momentos en los que la ansiedad te ha quitado la paz?

    ¿Te has sentido atrapada en un círculo de ansiedad?

    La vida nos muestra muchos colores y matices en cada etapa. Es una fuente constante de vivencias, desafíos, oportunidades, victorias y derrotas. Pero también es un espejo que, tarde o temprano, nos invita a mirar hacia adentro y preguntarnos con honestidad cómo estamos realmente.

    Hace poco, viendo un programa de historias reales, apareció la del cantante Farruko. Me llamó la atención y decidí escuchar su testimonio. Contó cómo, a pesar de tener fama, dinero y éxito en el mundo del reguetón, sentía un vacío profundo. Relató que un día sintió una presión en el pecho, como una voz interna que le susurraba que algo no estaba bien. Aunque tenía todo lo que el mundo considera valioso, él no era feliz. Decía que no tenía un propósito real. Y en medio de ese desasosiego, fue tocado por Dios. No explicó muchos detalles, pero sí compartió que algo se quebró en su interior, y que, desde entonces, nada volvió a ser igual.

    Me quedé pensando… y llegué a una conclusión: no importa cuán famoso o exitoso seas, todos necesitamos depender de Dios para encontrar verdadero sentido y descanso.

    Al principio de este post hice una pregunta: ¿Te has sentido atrapada en un círculo de ansiedad?
    Mi respuesta es sí.

    En enero del 2025, después de regresar a Arizona tras un viaje a Costa Rica, comencé a vivir días marcados por una ansiedad que se volvió asfixiante. Eran ataques intensos que nublaban mi mente. Lloraba sin razón aparente, sentía que el aire no me alcanzaba, y me invadía una sensación de abandono, tristeza y desesperanza. Todo lo que había construido, de pronto, me parecía vacío. Estaba siendo envuelta por sombras silenciosas que me impedían incluso respirar con paz. Me sentía frágil, como si algo se hubiese roto dentro de mí.

    En medio de esa tormenta, empecé a orar. Le supliqué a Dios que me ayudara porque ya no podía más. Y como si no bastara con lo que llevaba por dentro, ocurrieron dos eventos muy duros que intensificaron mi ansiedad:

    Primero, mi perrita Chloe fue atacada brutalmente por un perro American Stafford Terrier mientras la paseaba cerca de casa. Ella, tan dulce e inocente, terminó con heridas profundas en su cuello. Gracias a Dios, no fue fatal, pero sí muy traumático.

    Poco después, recibimos la noticia de que la abuela paterna de mi hija tenía una enfermedad terminal. Una mujer a la que yo quería mucho… y que falleció semanas después. Ese golpe fue devastador.

    Esos momentos me empujaron aún más al abismo. Me sentía rota. Pero fue en ese lugar, en lo más profundo del dolor, donde comencé a orar de verdad, desde lo más hondo de mi alma. Le dije a Dios:
    «Señor, no puedo más con estos ataques de ansiedad. Necesito tu ayuda, necesito tu intervención divina, porque no me sostengo por mí misma…»

    Y ahí, justo ahí, comenzó a gestarse un cambio. Dios empezó a moverse en el silencio de mi desierto personal. Como en el testimonio de Farruko, algo en mí se quebró, pero no fue destrucción: fue transformación. Me di cuenta de que la raíz de todo era que no estaba caminando dependiendo de Dios, sino de mis propias fuerzas.

    Poco a poco, mis ataques fueron disminuyendo. Mi corazón comenzó a sanar. Dios no solo me escuchó; me sostuvo.

    Hubo dos pasajes bíblicos que iluminaron ese momento:

    🕊 Proverbios 3:5-6:
    «Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas.»

    🕊 Filipenses 1:6:
    «Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.»

    Estas palabras fueron como agua en medio de mi sequía espiritual. Me recordaron que no estoy sola, que no necesito tener todo resuelto, que no tengo que controlarlo todo. Solo tengo que depender de Dios.

    Desde entonces, he comenzado a vivir de otra forma. Mi viaje espiritual continúa, sin mapa ni hoja de ruta, pero con una certeza: caminar dependiendo de Dios me hace más fuerte, más humana, más empática, más agradecida. Y aunque sigo sin tener todas las respuestas, tengo paz.
    Porque Él me guía, paso a paso, en este viaje de volver a mí.

    Y tú…
    ¿Estás dependiendo de Dios en medio de tus desafíos?
    ¿Has vivido momentos en los que la ansiedad te ha quitado la paz?

    Quizás hoy sea el día para hacer una pausa y preguntarte si necesitas invitar a Dios a caminar contigo.
    Estoy segura de que Él puede ayudarte a volver a ti también.

    Gracias por leerme.
    Gracias por ser parte de este viaje.
    Que Dios te bendiga 🤍