El viaje de volver a Mi

Encuentros con lo Invisible

  • Amigas del alma

    ¿Alguna vez has tenido una amiga del alma?

    Hoy quiero hablar de esas mujeres que llegan como regalos divinos. Amigas que no se encuentran en cualquier lugar, pero cuando las encuentras, se vuelven tesoros invaluables.
    Son esas con quienes puedes reír a carcajadas, compartir sueños, secretos y hasta las confesiones más íntimas que quizás nunca dirías ni siquiera a alguien de tu familia.

    En los momentos más difíciles —cuando todo parece desmoronarse—, una palabra suya puede sostenernos. Y ahí están, apareciendo como ángeles en medio de la tormenta, con amor, con presencia, con consuelo.

    Durante más de 30 años he tenido la bendición de caminar con un grupo cercano de amigas que amo profundamente. Mujeres que han sido un pilar en mi vida. Hemos reído, llorado, cantado, bailado, celebrado nacimientos, atravesado pérdidas y mil historias más.
    Aunque a veces la vida nos ha llevado por distintos caminos, siempre hemos estado ahí —presentes, orando unas por otras, amándonos en la distancia, bendiciéndonos mutuamente.

    Las amigas del alma son ungüento para el corazón herido.
    Están para escucharte, darte aliento cuando el alma pesa…
    Y también para decirte verdades, para sacudirte con amor y recordarte que no estás sola, ni en tus errores ni en tus batallas.

    Hay un proberbio del Rey Salamon que me conmueve profundamente y confirma lo que siento:

    “Encontrar un amigo fiel es como dar con un tesoro o como hallar un refugio seguro.
    Un amigo fiel no tiene precio: su valor no se mide con dinero.
    Un amigo así nos salvará la vida.
    Si obedecemos a Dios hallaremos ese amigo, y sabremos reconocerlo porque él también obedece a Dios.”
    Eclesiástico 6:14-17

    y en la Palabra nos dice en Proverbios 17:22 lo siguiente:

    «El verdadero amigo siempre ama, y en tiempos de necesidad es como un hermano».

    Viviendo lejos de ellas —separadas por kilómetros, fronteras y horarios—, he aprendido a valorar aún más su presencia.
    Hoy, nuestras conversaciones ocurren por WhatsApp, por mensajes, correos, notas de voz…
    Pero están. Siempre están.

    Y en este camino, Dios también ha traído personas nuevas, mujeres que, aunque no conozco de años, han sido oasis en mis desiertos. Ellas también han traído consuelo, luz, palabras que sanan. Y también por ellas doy gracias.

    Hoy reconozco a mis amigas del alma.
    A las que están cerca del corazón, aunque lejos del cuerpo.
    A las que Dios usó para sostenerme en los días más duros y para celebrar conmigo en los más hermosos.

    Gracias por estar.
    Gracias por ser.
    Gracias por ser parte de este viaje de volver a mí.

    Porque sí, como dice la Escritura:
    “Un amigo fiel es un refugio seguro… un tesoro sin precio.”

    ¿Tú también tienes una amiga del alma? ¿Le has dicho últimamente cuánto significa para ti?

    Hoy podría ser un buen día para hacerlo.

    Y si tú, que estás leyendo, tienes al menos una amiga del alma, entonces también has sido bendecida por el cielo.

    Dios te bendiga 🤍
    Gracias por leer este blog.
    Gracias por ser parte de este camino.

    
    
    
    
    

  • Batallas mentales: cuando la guerra es invisible pero real.

    ¿Cuántas veces hemos tenido batallas campales en nuestra mente, donde los problemas que enfrentamos se magnifican y las dificultades se convierten en gigantes?

    Muchas veces me he hecho esta pregunta:
    ¿Por qué el miedo se ha apoderado de mí y me ha paralizado para actuar?

    Después de meditar en eso por mucho tiempo y pasar por muchas batallas mentales, me di cuenta de algo muy importante: yo estaba peleando las batallas de mi vida con mis propias fuerzas. Entonces entendí la raíz del problema: falta de Fe. No dejaba que Dios peleara por mí; era yo quien, con mis fuerzas limitadas, intentaba resolver los desafíos. ¿Y sabes cómo me fue? Pues… mal la mayoría de las veces. Otras, más o menos, pero siempre terminaba emocional, física y económicamente desgastada. No entendía que no era en mis fuerzas que debía pelear la batalla, sino dejando actuar al Dios Todopoderoso, el Dios Guerrero que siempre sabe la mejor dirección y estrategia para deshacer los nudos que nos agobian.

    La Palabra de Dios nos dice exactamente qué significa tener fe. Aquí te comparto este versículo que me marcó profundamente:

    “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1)

    Y más adelante, algo aún más revelador:

    “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” (Hebreos 11:6)

    Cuando entendí esta verdad, me di cuenta de que estaba totalmente perdida. No tenía fe, ni siquiera creía que algo así pudiera ser real para mí. Y fue entonces donde Dios tuvo que comenzar a romper mis fortalezas mentales para enseñarme lo que realmente significa la fe y cómo activarla.

    Había estado buscando lo que no se me había perdido. Muchos que me conocen lo veían claro, pero yo no. Lo que yo creía que era bueno y seguro… terminó no siéndolo.

    Todo cambió cuando comencé este viaje, mi propio desierto. No solo uno geográfico, sino uno espiritual. Aquí, en medio del silencio, enfrenté batallas mentales, cambié pensamientos, solté creencias arraigadas, rompí lealtades equivocadas, aprendí a agradecer más y a pedir menos. Fue un campo de batalla constante, donde muchas veces me sentí sola y abandonada… hasta que Dios actuó.

    Y me levantó.
    Desde la soledad.
    Desde lo secreto.
    Desde lo más profundo del alma.

    No ha sido solo una transformación interior, ha sido una metamorfosis completa, como la que viven las mariposas.

    A principios de este año, le dije a Dios:
    “Señor, por favor, ayúdame a transformar mi mente, porque ya no puedo con tanta carga.”
    Y ¿sabes qué ocurrió?
    Dios me escuchó. Y no solo me escuchó, sino que comenzó un proceso de sanación y cambio de mentalidad que me ha ido cambiando mi forma de ver la vida, las dificultades que enfrento desde otra perspectiva, con más ánimo, con valentía, con confianza en que Él va a actuar a mi favor, ha sido todo un cambio de esquema mental. También me dio un pasaje y una promesa que también es para ti:

    “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
    (Romanos 12:2)

    Desde ese cambio de mentalidad, esa palabra que calo en mi mente sobre la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta, mi camino también ha comenzado a cambiar. Y por eso decidí compartir este mensaje contigo. Porque todos enfrentamos batallas en la mente, pero cuando aprendemos a entregárselas a Dios, podemos vivir más victorias afirmadas en la fe, y menos derrotas causadas por nuestro intento de controlarlo todo.

    Gracias por estar aquí hoy.
    Gracias por leer este blog.
    Dios bendiga tu vida y te guíe en tu batalla. 🕊️

    
    
    
    
    

  • Mujeres Guerreras

    «Esfuérzate y sé valiente. No temas ni desmayes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas.”
    Josué 1:9

    Hay días en los que simplemente cuesta…
    Cuesta levantarse, cuesta animarse, ser fuerte, ser valiente cuesta seguir por que ya estás cansada.
    Hay mil cosas por hacer, hijos que cuidar, trabajo que cumplir, cuentas que pagar…
    y tú solo quisieras cinco minutos para respirar, para no ser fuerte, para no estar “bien”.

    A veces te sientes sola.
    Aunque estés rodeada de gente, nadie ve realmente lo que llevas dentro.
    Nadie sabe el esfuerzo que haces cada día por no rendirte, por seguir.
    Porque aunque te sientas rota por dentro, tú sigues luchando por tus metas, por tus suenos , por tu famila.

    Y sí… estás cansada.
    Pero también eres valiente.
    Porque sigues caminando cuando podrías haberte detenido.
    Sigues creyendo, aunque a veces solo te sostenga un susurro de fe.

    Dios lo sabe, Él ve lo que otros no ven,

    Él está contigo cuando lloras en silencio, cuando sales a trabajar sin ganas, cuando das más de lo que recibes apesar de la dificicultad, de la soledad, o de la tristeza que te envuelve.

    Puede que no tengas todo lo que quisieras,
    pero tienes lo que necesitas.

    Y cada día, Él te sostiene.
    Él es tu refugio, tu escudo, tu fuerza cuando ya no puedes más.

    A ti, mujer guerrera… no estás sola.

    Eres vista, eres amada, eres sostenida.
    Dios está contigo. Y eso lo cambia todo.

    Dios bendiga tu vida.

    Gracias por estar aquí hoy.

    
    
    
    
    

  • Bienvenidos!

    El viaje de volver a mí… y tal vez a ti

    Entre pasos, pausas y preguntas, decidí volver.
    Volver a lo que soy. A lo que siempre estuvo.
    Este blog nace desde esa búsqueda íntima:
    un rincón donde comparto lo que me mueve, me sana, me transforma.

    Aquí hablo de espiritualidad vivida, de experiencias profundas y de lo que significa crecer por dentro.

    Si algo de esto te toca el alma, entonces este espacio también es tuyo.

    Mi nombre es Johanna Marín. Durante más de 20 años me he dedicado a auditar empresas en sus procesos y resultados, pero fue en el silencio del desierto de Arizona donde comencé la auditoría más reveladora e importante que he hecho hasta hoy: la de mi propia alma.
    Estoy en el camino de regreso a mí. A mi esencia. A Dios.
    Y en este espacio comparto ese viaje interior, marcado por la fe, el autoconocimiento y la sanación. Lo hago desde mi experiencia como madre, inmigrante y mujer profesional que un día decidió dejar de sobrevivir y comenzar a vivir con propósito.

    He creado este espacio para compartir mi viaje espiritual y cómo Dios ha ido transformando mi vida, dándole un propósito más profundo y revelador.

    A través de sueños y pasajes bíblicos, he comenzado a ver un nuevo camino. He conocido a un Dios que habla en el silencio, en la soledad, sin ruido… pero con poder. Un Dios que se manifiesta sin intermediarios, sin compañía humana, solo Él y yo.
    Y en ese encuentro íntimo, todo ha comenzado a tener sentido.

    Fue en medio del desierto —no solo el geográfico, sino el del alma— donde Dios me encontró.
    No vino con grandes truenos ni milagros visibles, sino con susurros, señales, sueños… y una promesa que aún me arde en el corazón:

    “He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis?
    Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.”

    (Isaías 43:19).

    Gracias por estar hoy aqui y por leer este mensaje. Dios te bendiga.

    Bienvenid@ al viaje.

    
    
    
    
    
    
    

  • “Por sus llagas fuimos sanados” (Isaías 53:5)

    Comienzo con este pasaje porque he comprobado que Dios nos sana de muchas maneras. No solo en el plano físico, sino también en lo más profundo del alma, en lo espiritual, en esas zonas del corazón donde nadie más puede llegar.

    Hace algunos años fui diagnosticada con una enfermedad poco común llamada Espondilitis Anquilosante. Es una enfermedad autoinmune, reumática y crónica, de causa desconocida, que afecta principalmente la columna vertebral, los ligamentos, las zonas cervical y lumbar, y las articulaciones sacroilíacas. También puede extenderse a otras áreas del cuerpo como la cadera, las rodillas, los hombros e incluso los ojos.

    Recibir ese diagnóstico fue uno de los momentos más difíciles que he atravesado. Durante más de ocho meses viví con dolores intensos que me obligaron a dejar de trabajar. Fue en el año 2021, un tiempo realmente duro. Sin embargo, hoy, en 2025, aunque la enfermedad sigue presente en mi cuerpo, puedo decir con certeza que Dios ha cumplido lo prometido en Isaías 53:5. Me siento sana. Y esa sanidad ha venido a través de mi búsqueda espiritual, porque en el camino hacia Él, he ido sanando también mis emociones… y con ellas, mi cuerpo.

    Así es: Dios, a través de los procesos del alma, nos transforma. Nos sana las heridas invisibles: traumas, angustias, dolores emocionales. Y esa sanación interior, muchas veces, también se manifiesta en lo físico.

    Quiero compartir también el testimonio de una querida amiga que vive con una enfermedad muy injusta: ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica). Esta enfermedad es devastadora, ya que las personas que la padecen comienzan a perder la movilidad de las manos, los pies, el habla y, eventualmente, de todo el cuerpo. Afecta las neuronas del cerebro y de la médula espinal, haciendo que el cuerpo pierda control muscular. Aun así, mi amiga, con solo 48 años, vive cada día como si fuera un regalo sagrado. Lo vive con gratitud, con amor, con valentía… con la ilusión de que cada día que Dios le concede tiene un propósito. Y ese propósito, muchas veces, está más allá de lo que el entendimiento humano puede imaginar. Ella cuando recibio su diganostico se refugio en este versiculo que se los quiero compartir:

    2 Corintos 12:9 : “ Y me ha dicho: Bastate mi Gracia ; por que mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriare mas bien en mis debilidades , para que repose sobre mi el  poder de Cristo”

    Con testimonios como estos, solo puedo afirmar que Dios es bueno. Y aunque las enfermedades físicas nos desafíen, todo se sobrelleva de otra manera cuando Dios habita en nuestro interior. No siempre es fácil. Nuestra humanidad grita a veces que no es justo. Pero al final del día, sabemos que Dios está obrando en medio de nuestras debilidades, y que es Él quien tiene el control, quien tiene la última palabra sobre lo que estamos viviendo.

    Así que, si estás atravesando una enfermedad, no la tienes que aceptar , no la tienes que odiar, dejala ir. Entrégasela a Dios, porque Él es capaz de transformar el dolor en alivio, la angustia en esperanza, y la dificultad en una oportunidad para ver su bondad en todo lo que hace.

    Que Dios te bendiga y te sane desde lo más profundo del alma, para que tu espíritu reconozca que Él sigue siendo fiel… incluso en medio de la dificultad.

    
    
    
    
    

  • El silencio que hablabla.

    Hubo un momento en el que todo afuera se calló. Las voces que antes llenaban mis días –personas, rutinas, expectativas, distracciones– se fueron apagando una a una. Y al principio, lo admito, ese silencio dolía. Tenía el sabor del abandono. El eco de todas las veces que me perdí de mí.

    Pero entonces ocurrió algo extraño.

    En ese mismo silencio, empecé a escuchar.
    No con los oídos. No con la mente.
    Escuchar desde otro lugar.

    Al principio eran susurros.
    Una sensación. Una certeza sin lógica.
    Un sueño con símbolos que no entendía, pero que me despertaba con el corazón latiendo fuerte, como si alguien me hubiese hablado mientras dormía.
    Plumas en el suelo. Palabras repetidas en canciones. Un número que se repetía en relojes, matrículas, recibos.

    Y comprendí… que el silencio hablaba.
    Y lo que decía era: «Estoy aquí. Nunca estuviste sola.»

    Dios, lo invisible, lo eterno –como cada quien lo quiera llamar– empezó a dejar migas de pan en mi camino.
    No fue una gran aparición. No hubo rayos ni milagros de película.
    Fue algo más íntimo. Más constante.
    Una presencia sutil que me abrazaba cuando nadie lo hacía.

    Cada vez que el mundo me cerraba una puerta, una señal me decía: “Confía”.
    Cada vez que me caía, soñaba con volar.

    Y así supe que lo que parecía vacío era, en realidad, un espacio sagrado.
    El espacio donde lo divino podía por fin entrar.

    Hoy ya no le tengo miedo al silencio.
    Es ahí donde Dios me habla.
    Es ahí donde me vuelvo a encontrar.

    
    
    
    
    

  • El viaje de volver a mi

    Este no es solo un blog. Es un espacio sagrado. Un cuaderno de ruta, una bitácora del alma.

    Aquí comparto mi viaje: el de volver a casa, a mí misma. A ese lugar interno que, a veces, entre el ruido del mundo y las exigencias de ser “todo para todos”, dejamos de escuchar.

    Escribo sobre lo que me transforma. Las experiencias que me rompen y me arman. Los silencios que me hablan más que mil voces. Y esa espiritualidad cotidiana que no vive en dogmas, sino en los pequeños momentos en los que siento que estoy exactamente donde debo estar.

    Este espacio nace desde el deseo de crecer, de sanar, de recordar lo que siempre supe… y también para acompañarte —si resuenas— en tu propio camino de regreso.

    Gracias por estar aquí.
    Gracias por leerme.
    Gracias por caminar conmigo. Bienvenid@ al viaje de volver a ti.