
«No se trata de sobrevivir a nuestras heridas, sino de permitir que la luz de Dios transforme nuestro corazón y alma en libertad y plenitud.»
Hoy quiero comenzar con una oración de gratitud:
«Señor, gracias por la sanidad que me has regalado, por abrazar mi corazón en cada noche difícil, y por enseñarme que en Ti encuentro descanso. Amén.»
Sanar el corazón y el alma no es un proceso fácil ni rápido. Implica reconocer que cargamos heridas, memorias y silencios que pesan más de lo que admitimos. Muchas veces intentamos llenarlos con logros, personas o distracciones, pero nada sacia hasta que nos rendimos al verdadero Médico de corazones: Dios.
Las heridas del alma suelen esconderse detrás de una sonrisa, pero en el silencio del corazón siguen pidiendo atención. Yo también caminé por esos desiertos, hasta que descubrí que no estaba sola: la luz de Dios me esperaba al final del camino.
Él es quien conoce la raíz de cada herida y el remedio perfecto para restaurarnos. Fue en ese encuentro con Su amor donde entendí que no se trata de sobrevivir, sino de sanar, perdonar y comenzar de nuevo.
Hoy camino ligera sin el equipaje pesado que cargue por tanto tiempo, hoy Dios me ha dado una nueva identidad que dice:
✨ Soy amada
✨ Soy escogida
✨ Soy restaurada
✨ Soy bendecida
✨ Soy victoriosa
La Biblia lo confirma:
📖 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
Y deseo con todo mi corazón que tú también experimentes esa sanidad interior que solo Él puede dar.
🌿 Que este sea tu tiempo de volver a la luz, entregar tus cargas y descubrir la libertad de un corazón sano.
🤍 Que Dios bendiga tu vida.
Gracias por leer este blog y ser parte de esta comunidad.

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