
¿Cuántas veces hemos tenido batallas campales en nuestra mente, donde los problemas que enfrentamos se magnifican y las dificultades se convierten en gigantes?
Muchas veces me he hecho esta pregunta:
¿Por qué el miedo se ha apoderado de mí y me ha paralizado para actuar?
Después de meditar en eso por mucho tiempo y pasar por muchas batallas mentales, me di cuenta de algo muy importante: yo estaba peleando las batallas de mi vida con mis propias fuerzas. Entonces entendí la raíz del problema: falta de Fe. No dejaba que Dios peleara por mí; era yo quien, con mis fuerzas limitadas, intentaba resolver los desafíos. ¿Y sabes cómo me fue? Pues… mal la mayoría de las veces. Otras, más o menos, pero siempre terminaba emocional, física y económicamente desgastada. No entendía que no era en mis fuerzas que debía pelear la batalla, sino dejando actuar al Dios Todopoderoso, el Dios Guerrero que siempre sabe la mejor dirección y estrategia para deshacer los nudos que nos agobian.
La Palabra de Dios nos dice exactamente qué significa tener fe. Aquí te comparto este versículo que me marcó profundamente:
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1)
Y más adelante, algo aún más revelador:
“Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” (Hebreos 11:6)
Cuando entendí esta verdad, me di cuenta de que estaba totalmente perdida. No tenía fe, ni siquiera creía que algo así pudiera ser real para mí. Y fue entonces donde Dios tuvo que comenzar a romper mis fortalezas mentales para enseñarme lo que realmente significa la fe y cómo activarla.
Había estado buscando lo que no se me había perdido. Muchos que me conocen lo veían claro, pero yo no. Lo que yo creía que era bueno y seguro… terminó no siéndolo.
Todo cambió cuando comencé este viaje, mi propio desierto. No solo uno geográfico, sino uno espiritual. Aquí, en medio del silencio, enfrenté batallas mentales, cambié pensamientos, solté creencias arraigadas, rompí lealtades equivocadas, aprendí a agradecer más y a pedir menos. Fue un campo de batalla constante, donde muchas veces me sentí sola y abandonada… hasta que Dios actuó.
Y me levantó.
Desde la soledad.
Desde lo secreto.
Desde lo más profundo del alma.
No ha sido solo una transformación interior, ha sido una metamorfosis completa, como la que viven las mariposas.
A principios de este año, le dije a Dios:
“Señor, por favor, ayúdame a transformar mi mente, porque ya no puedo con tanta carga.”
Y ¿sabes qué ocurrió?
Dios me escuchó. Y no solo me escuchó, sino que comenzó un proceso de sanación y cambio de mentalidad que me ha ido cambiando mi forma de ver la vida, las dificultades que enfrento desde otra perspectiva, con más ánimo, con valentía, con confianza en que Él va a actuar a mi favor, ha sido todo un cambio de esquema mental. También me dio un pasaje y una promesa que también es para ti:
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
(Romanos 12:2)
Desde ese cambio de mentalidad, esa palabra que calo en mi mente sobre la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta, mi camino también ha comenzado a cambiar. Y por eso decidí compartir este mensaje contigo. Porque todos enfrentamos batallas en la mente, pero cuando aprendemos a entregárselas a Dios, podemos vivir más victorias afirmadas en la fe, y menos derrotas causadas por nuestro intento de controlarlo todo.
Gracias por estar aquí hoy.
Gracias por leer este blog.
Dios bendiga tu vida y te guíe en tu batalla. 🕊️

Deja un comentario