“Por sus llagas fuimos sanados” (Isaías 53:5)

Comienzo con este pasaje porque he comprobado que Dios nos sana de muchas maneras. No solo en el plano físico, sino también en lo más profundo del alma, en lo espiritual, en esas zonas del corazón donde nadie más puede llegar.

Hace algunos años fui diagnosticada con una enfermedad poco común llamada Espondilitis Anquilosante. Es una enfermedad autoinmune, reumática y crónica, de causa desconocida, que afecta principalmente la columna vertebral, los ligamentos, las zonas cervical y lumbar, y las articulaciones sacroilíacas. También puede extenderse a otras áreas del cuerpo como la cadera, las rodillas, los hombros e incluso los ojos.

Recibir ese diagnóstico fue uno de los momentos más difíciles que he atravesado. Durante más de ocho meses viví con dolores intensos que me obligaron a dejar de trabajar. Fue en el año 2021, un tiempo realmente duro. Sin embargo, hoy, en 2025, aunque la enfermedad sigue presente en mi cuerpo, puedo decir con certeza que Dios ha cumplido lo prometido en Isaías 53:5. Me siento sana. Y esa sanidad ha venido a través de mi búsqueda espiritual, porque en el camino hacia Él, he ido sanando también mis emociones… y con ellas, mi cuerpo.

Así es: Dios, a través de los procesos del alma, nos transforma. Nos sana las heridas invisibles: traumas, angustias, dolores emocionales. Y esa sanación interior, muchas veces, también se manifiesta en lo físico.

Quiero compartir también el testimonio de una querida amiga que vive con una enfermedad muy injusta: ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica). Esta enfermedad es devastadora, ya que las personas que la padecen comienzan a perder la movilidad de las manos, los pies, el habla y, eventualmente, de todo el cuerpo. Afecta las neuronas del cerebro y de la médula espinal, haciendo que el cuerpo pierda control muscular. Aun así, mi amiga, con solo 48 años, vive cada día como si fuera un regalo sagrado. Lo vive con gratitud, con amor, con valentía… con la ilusión de que cada día que Dios le concede tiene un propósito. Y ese propósito, muchas veces, está más allá de lo que el entendimiento humano puede imaginar. Ella cuando recibio su diganostico se refugio en este versiculo que se los quiero compartir:

2 Corintos 12:9 : “ Y me ha dicho: Bastate mi Gracia ; por que mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriare mas bien en mis debilidades , para que repose sobre mi el  poder de Cristo”

Con testimonios como estos, solo puedo afirmar que Dios es bueno. Y aunque las enfermedades físicas nos desafíen, todo se sobrelleva de otra manera cuando Dios habita en nuestro interior. No siempre es fácil. Nuestra humanidad grita a veces que no es justo. Pero al final del día, sabemos que Dios está obrando en medio de nuestras debilidades, y que es Él quien tiene el control, quien tiene la última palabra sobre lo que estamos viviendo.

Así que, si estás atravesando una enfermedad, no la tienes que aceptar , no la tienes que odiar, dejala ir. Entrégasela a Dios, porque Él es capaz de transformar el dolor en alivio, la angustia en esperanza, y la dificultad en una oportunidad para ver su bondad en todo lo que hace.

Que Dios te bendiga y te sane desde lo más profundo del alma, para que tu espíritu reconozca que Él sigue siendo fiel… incluso en medio de la dificultad.

Comentarios

Deja un comentario